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Hay dos categorías principales de términos médicos: descriptivos—describiendo forma, color, tamaño, función, etc., y epónimos, literalmente “poniendo un nombre sobre.”  Este último ha sido utilizado para honrar a aquellos  que descubrieron por primera vez o describieron una estructura anatómica o diagnosticaron una enfermedad o desarrollaron por primera vez un instrumento o procedimiento médico.  Unos ejemplos de epónimos son las trompas de Falopio (trompas uterinas-Gabriello Fallopio) y trompas de Eustaquio (trompas auditivas- Bartolommeo Eustachii).  El problema con epónimos es que no dan información útil sobre que es o dónde se puede encontrar el elemento nombrado. ¿El conducto de Wirsung? ¡Ah, te refieres al conducto pancreático!

En los últimos años, la tendencia ha sido remplazar epónimos con nombres descriptivos.  Por esta razón, no vamos a tomar tiempo en aprenderlos.  Sin embargo, algunas cosas son conocidas casi exclusivamente por su epónimo.  ¿Reconocería “parálisis agitante”, como la enfermedad de Parkinson?  Además, algunos términos descriptivos han sido considerados ofensivos y estigmatizantes.   Como ejemplos, “mongolismo” que actualmente se llama el síndrome de Down y “la lepra” casi ha sido reemplazado por la enfermedad de Hansen.  ¿Quieres apostar que el SIDA tendrá un nuevo nombre en el futuro?

Por cierto, epónimos no son exclusivos a la terminología médica.  ¿Sabría del nombre  Mount Rushmore que hay rostros esculpidos en él o que se encuentra en Sur Dakota? ¿Cuyas caras están en el Monte Rushmore?  Piénsalo por un minuto y luego has clic en el nombre para comprobarlo tu mismo.  El enlace se abrirá en una nueva ventana. Cuando termines, cierrala y vuelva a este programa.

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